Hace muchos, muchísimos años que no juego a Misterio de Cefa.
Probablemente, si jugara a él ahora no lo disfrutaría e incluso me parecería
demasiado simple e infantil. Pero, en un momento de mi vida, y por lo tanto de
mi trayectoria ludómana, fue un título muy jugado y recurrido, lo que lo
convierte en esencial en mi formación como aficionado a los juegos de mesa.
Otros
tiempos
Misterio de Cefa, junto con otros
títulos como Risk, Monopoly o La ruta del tesoro, permanece indeslindablemente unido a algunos de
los mejores recuerdos de mi infancia y
primera juventud (principios de los años 80), cuando pasaba los veranos en un
pequeño pueblecito de Castellón y, tras la oportuna visita casi diaria a la
piscina local con mis amigos, nos juntábamos en mi casa a merendar y a echar
partidas a todos aquellos juegos y a muchos otros. Tiempos muy queridos y ya
lejanos que nunca volverán y por los que me es inevitable sentir una razonable
morriña.
Como era bastante habitual en Cefa (Celulosa
Fabril), Misterio era una versión
nacional de un juego extranjero, en este caso el popular Cluedo de Parker Brothers, que a su vez estaba comercializado aquí
por la no menos mítica Borrás. Este juego data nada menos que de 1949, aunque
en España tuvimos que esperar bastantes más años para verlo editado y
traducido. Si podéis leer inglés, os recomiendo este interesante artículo de la
Wikipedia con la larga historia de Cluedo
y de sus muchas variantes y adaptaciones (hay incluso una película).
De
la mansión al castillo
¿Qué diferenciaba Misterio de las demás versiones de Cluedo? Pues precisamente lo que hacía que a mí me gustara más que
el original: su ambientación fantástico-terrorífica. Si en Cluedo nos las
veíamos con un “simple” caso de asesinato en una aristocrática mansión, aquí
nos encontrábamos en un tétrico castillo perdido en los confines de
Transilvania por el que pululaban los más míticos monstruos del cine y de la
literatura fantásticos: Drácula (a nosotros siempre nos recordaba a Adolfo
Suárez), Frankenstein, La Momia, el Doctor Jekyll, el Hombre Lobo y el
Fantasma. Por lo demás, era prácticamente idéntico al juego que lo había
originado, con la excepción de que aquí no había un arma homicida (era el
propio monstruo). El tablero se componía de 9 habitaciones, aunque la central
era meramente ornamental. Al resto se podía acceder por los pasillos que las
rodeaban, compuestos por casillas por las cuales movían los hasta 6 “detectives”
protagonistas (una ficha de color). En 6 de las 8 habitaciones se repartía una
silueta de víctima (los habitantes humanos del castillo: conde, condesa,
mayordomo, etc). En realidad, esta ficha podía moverse de una habitación a otra
a voluntad de los jugadores que las necesitaban.
A su vez, todos los monstruos, habitaciones y
víctimas estaban representados por una carta y había un mazo de cartas para
cada uno de estos tres tipos (que se correspondía con las sílabas “Mis”, “te” y
“rio”). De cada uno de ellos se cogía al azar y sin mirar una carta y se
guardaba en un sobre. Estos eran el asesino, la víctima y el lugar del crimen
que los participantes debían averiguar para ganar. El resto de cartas se repartía
equitativamente entre los jugadores.
Movimiento
y mecánicas: Mis-te-rio
El movimiento se realizaba con la clásica
tirada de un dado de seis caras, que nos indicaba la cantidad de casillas que
podíamos mover. En los pasillos habían cuatro trampas que nos hacían perder un
turno si caíamos en ellas (aunque luego nos permitían salir por cualquier de las otras tres) y
símbolos de animales que nos permitían “transportarnos” al equivalente que se
encontraba en otro lado del tablero. Nosotros siempre tuvimos la duda de si era
obligatorio “gastar” todo el movimiento o no, ya que las instrucciones no eran
muy precisas y éramos demasiado jóvenes para poder decidir estas cosas, así que
jugábamos que sí se debía gastar todo, con lo cual a veces nos era difícil
entrar a las habitaciones con ciertas tiradas si no estábamos a la distancia
adecuada.
![]() |
¡El Dr. Jekyll ha matado a la doncella en la bodega! |
Lógicamente, a veces nos convenía usar pistas
que ya habíamos tachado para poder “aislar” la que nos interesaba, por ejemplo,
jugar en una habitación y con una víctima que ya teníamos descartadas para que
nos dijeran necesariamente el monstruo. También había una carta especial, la
Bruja de Salem, que nos permitía directamente mirar una de las tres cartas del
sobre.
Otros
tiempos, 2ª parte
Como era habitual en Cefa, Misterio se vendía en dos ediciones, la
normal –la que yo tenía– y la de lujo, con tablero reforzado, figuras (bustos)
de detective en lugar de simples fichas redondas, caja más grande y elementos
más detallados (los monstruos que se utilizaban en el tablero venían a todo
color, y sólo esta versión tenía sobre, aunque no costaba mucho improvisarlo).
Las instrucciones eran escasas, como también era típico de la empresa maña, y
los autores del diseño y de las ilustraciones ni siquiera se citaban, aunque
gracias a internet podemos saber hoy que eran los infalibles Pepe Pineda e Isidre
Monés, respectivamente.
Misterio permanece en mi ludoteca desde
hace más de treinta años y en ella figurará siempre como un título que, como ya
he dicho al principio, ha sido clave en mi afición a este fabuloso hobby,
incluso aunque no vuelva a jugarlo en la vida. Tuvo su momento en ella, y fue
muy importante, pero creo que ahora debe ceder su sitio a otros juegos más
modernos y/o mejor desarrollados.
No había oído hablar de este juego nunca. De hecho, tampoco he jugado al Cluedo. Mi afición por los juegos comenzó hará cosa de 7 años o así y comencé con duros, como Juego de Tronos o Warcraft.
ResponderEliminarLo comparto en mi blog, como siempre.
Eso es porque, evidentemente, somos de diferentes generaciones, porque está claro que a muchos jugadores de la mía nos marcó. ¡Nunca está de más pegarse algún "viajecito al pasado" y conocer títulos como este! ¡Gracias por compartirlo! ;)
ResponderEliminarPues si, compñero Lord;
ResponderEliminarMisterio, junto con Imperio Cobra, fué el tablero que más disfruté al ilustrar.
Todos los demás juegos Cefa (y fueron muchos) o llevaban tableros muy gráficos, con mucha casilla y poca ilustración, o los ultimos "Yeti" "Yarek" "Templo de Cristal" complicados tableros en tres dimensiones (No sabíamos que hacer para competir con los incipientes videojuegos)
El tablero de "Misterio" era una ilustración que me gustaría haber conservado, en fin.
Como dije en ocasiones, nunca fui aficionado a los juegos, y hasta años más tarde no supe que "Misterio" se inspiró en "Cluedo" juego que como ningun otro nunca tuve el gusto de conocer.
Quizas por eso nunca nadie pudo decir que graficamente "mis" juegos fueron copia de otros.
No conociendolos, mal podían influenciarme.
Mis influencias era el cine, y mis propios comics (y los de mis compañeros) para "Creepy" "Eerie" y "Vampirella" unos años antes.
Gracias por el recuerdo, a tantos enfermos de Cefa.
¡Gracias a ti por todas aquellas fantásticas ilustraciones, Isidre!
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