domingo, 2 de agosto de 2015

Mighty Empires

Después de cerca de veinte años rescato este juego de la estantería para una partida veraniega. Inevitablemente, los recuerdos y la nostalgia se agolpan en mi interior conforme voy repasando sus reglas y componentes. Recuerdos de cuándo fui a comprarlo a Ludómanos, en Valencia, hace ya más de dos décadas, tras un breve viaje en tren acompañado de mi primo y de un compañero de nuestro añorado Club Draken; recuerdos de la asombrosa, variada y admirable oferta que la marca Games Workshop tenía en aquellos tiempos, mucho antes de caer en la lamentable decadencia en la que ahora parece regodearse, recuerdos de las primeras partidas a Mighty Empires y de algunas posteriores, varios años después, cuando nuestra asociación compró su propia copia del juego y la mezclamos con la mía para poder jugar con más gente, y recuerdos, cómo no, de una época más feliz que creo que es inevitable echar de menos.

Despliegue inicial. El mapa varía de partida en partida, al igual que el contenido de los reinos de los jugadores

Mighty Empires fue diseñado por Rick Priestley y Nigel Stillman y pubicado por la legendaria empresa británica en 1990 concebido como un sistema para organizar campañas a Warhammer Fantasy Battles: cuando los ejércitos de los jugadores se encontraban en el mapa del juego, se detenía la partida y se pasaba a librar esa batalla en el habitual tablero con escenografía y figuras Citadel. Naturalmente, esto podía dar lugar a sesiones de varios meses o semanas de duración, entre una cosa y otra. Alternaticamente, Mighty Empires podía jugarse también por sí solo con algunas simplificaciones, y así es como lo he jugado siempre yo y esta será la versión que reseñaré, ya que no empecé a jugar a WHF hasta algunos años después de comprar el juego reseñado y nunca se me ocurrió mezclarlos (de hecho, no sé ni si la versión de Fantasy que yo tuve era compatible con Mighty E.).

Dispondremos de ejércitos y barcos
El tablero se monta entre todos los jugadores siguiendo unas pautas lógicas, lo que quiere decir que el mapa es diferente de una partida a otra. Las losetas de cartulina representan diferentes tipos de terreno (montaña, llano, río, costa…) con distintas particularidades en el juego. Cada jugador escoge una capital inicial, coloca en ella una miniatura de ciudad, y genera el resto de su reino (los seis hexágonos que rodean a la capital) tirando en una tabla. De salida, nuestro modesto imperio podrá tener pueblos, fortalezas, ciudades extra y hasta barcos si nuestra capital está en la costa. Todos estos elementos, naturalmente, vienen representados por su correspondiente miniatura, además de los ejércitos (o estandartes) y de los dragones. En total, Mighty Empires incluye 225 figuritas.

Completado el despliegue, comienza la partida propiamente. Se divide en 6 turnos de verano, en los que los jugadores maniobran sus ejércitos y conquistan territorios, y una fase de invierno en la que se tira por hechizos, eventos, ingresos, diplomacia y otros conceptos, y se reorganiza y reconstruye cada imperio. Para todo ello, muchas, muchas tablas y tiradas de dado. Sobra decir con esto que el factor azar es importante en Mighty Empires, y que una mala tirada puede arruinarnos una buena estrategia o estropear una buena gestión. Debe abordarse el título reseñado como un juego ligero y divertido en el que primará disfrutar “del paisaje” (es decir, de lo bonito que es el mundo que vamos construyendo y descubriendo) antes que esperar eficaces mecánicas y elaboradísimas iteracciones, algo quizá común a la gran mayoría de productos de Games Workshop.

Nuestro imperio se irá extendiendo, aunque será inevitable el conflicto
En cada turno, el jugador explora los hexágonos adyacentes a sus ejércitos para ver qué contienen (nada, algún tipo de asentamiento o incluso un evento), después mueve a ellos si lo desea y, si contienen tropas de otro jugador o independientes, debe luchar contra ellas. Se lucha con una simple tirada de dados en una tabla, a la que se le pueden sumar o restar modificadores en función de las tropas de cada bando y de una carta de maniobra que se juega de antemano. Cada estandarte puede contener de 500 a 1500 puntos de tropa, lo que se tiene que gestionar mediante el viejo método del lápiz y papel. También es posible asediar fortalezas y ciudades con una variante del sistema de combate que permite que este tipo de combate se alargue varios turnos.

No hay un objetivo concreto cuando se juego a Mighty Empires por sí solo (en el reglamento sólo se especifica el método para ganar con miniaturas mediante el uso de WFB). Normalmente se juego hasta conquistar la capital de otro jugador, ser el último sobre el tablero o el que más puntos tenga al final de una serie de campañas acordadas, valorándose los diferentes tipos de emplazamiento y otras posiciones en el tablero, así como los puntos de ejército derrotados, para este propósito.

Aparecerán asentamientos independientes que se nos resistirán
Después de esta nueva partida a M. E. tras casi dos décadas sin jugarlo, tenía miedo de que me decepcionara y de que me traicionara la engañosa morriña, pero tengo que decir que lo he seguido encontrando casi tan divertido como cuando lo descubrí. Vale que no se puede considerar un juego “serio” en el sentido que he comentado hace unos párrafos, y que se le pueden achacar defectos como esa enorme aleatoriedad (que hace que, por ejemplo, una vez comienzas a ir mal, no haya manera de remontar), pero me sigue pareciendo muy atractivo en el apartado visual y en lo tocante a ambientación, y también es cierto que me es imposible juzgarlo de una manera totalmente objetiva y fría por lo mucho que el juego representó para mí en otra época (creo que fue el primero de su fabricante que tuve, aunque antes había jugado a otros). Por unas y otras razones, Mighty Empires ocupará para siempre un lugar especial en mi ludoteca y dudo que me deshaga de él por muchos años que pasen y aunque no le de uso.

Por cierto, comentar por último que tuvo una reedición en 2007 bastante diferente en cuanto a presentación (las losetas era de plástico) y a la que no he jugado. También para la primera versión incluso se editaron numerosas miniaturas en metal que representaban edificios diferentes y ejércitos de otras razas como los no muertos. ¡Cuánto echo de menos los tiempos en que Games Workshop era una gran marca! No es por ponerme drástico ni ser purista, pero para mí hoy en día prácticamente ni existe, especialmente después de ese ridículo remozado que ha tenido Warhammer Fantasy, ahora reconvertido en el penoso Age of Sigmar.

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