lunes, 9 de enero de 2012

Monuments

Reniego a menudo de los jueguecitos simples y de corta duración y, sin embargo, de vez en cuando aparece alguno al que le cojo un contradictorio cariño. Sigo insisitiendo, no obstante, en que no los considero juegos “serios”, pero creo que cumplen su función y deben tener su hueco en el mercado, siempre y cuando no saturen éste ni acaben siendo los únicos que lo pueblan. Entre los aficionados se ha impuesto, tácitamente, el término inglés filler para todos estos títulos, es decir, “juegos de relleno”, y esa es la utilidad que les encuentro: me parecen ideales para completar, por ejemplo, una larga sesión de tarde a otro juego más denso, o incluso para algún momento en que uno desee no complicarse mucho y echar una o varias partidas a cosas más “light”.

Pretexto temático
Este enrevesado prólogo no sirve más que para presentar, y basta de preámbulos, el juego reseñado en esta ocasión: Monuments, Wonders of Antiquity, publicado por Abacus Spiele en su edición original alemana y por Mayfair Games en la traducida al inglés. Apareció en 2008, y lo primero que noté al leer sus instrucciones era cierto parecido con un juego de tres años antes que compré y me decepcionó: Ostia. Efectivamente: enseguida comprobé que el autor de ambos era la misma persona: Stefan Risthaus. A pesar de todo, Monuments sí que acabó gustándome.

En realidad la excusa temática de este trabajo del señor Risthaus es más bien casual y caprichosa, y con la misma mecánica y otro tipo de ambientación, se podía haber hecho el mismo juego sin que hubiese ninguna diferencia aparte de la meramente estética: en lugar de coleccionar “monumentos de la antigüedad”, las cartas podían haber sido de coches, equipos de fútbol o fauna marina: las simpáticas ilustraciones de Harald Lieske cumplen, pues, una efectiva labor ornamental. No obstante, la elección de esa temática sí que puede ser decisiva en jugadores como yo, que buscan siempre un equilibrio entre ese aspecto temático, físico, artístico del juego y sus mecánicas y reglamentos. Si este juego hubiera tratado de otra cosa, probablemente no lo hubiera comprado, pero las ruinas, la arqueología y la Historia me llaman y me hicieron fijarme en él.

Los tres jugadores de esta partida han comenzado a erigir monumentos. Las dos filas de
cartas superiores muestran cuáles de ellos están disponibles. Bajo ellas, el mazo de robo y 
las tres cartas descubiertas. Los jugadores pueden robar de éstas o del mazo a ciegas.
Transcurso del juego
Y ahora veamos esa mecánica ambivalente, casi genérica, que presenta este Monuments de reglamento sencillo pero entretenido: hasta 4 jugadores coleccionan cartas de monumentos de la Antigüedad, no sólo las 7 Maravillas propiamente, sino también otros como Petra, el Coliseo o el Templo de Salomón (hay un total de doce). Se empieza la partida con un número fijo de aquellas (seis) y, en su turno, cada jugador podrá realizar tres acciones, a elegir de entre las siguientes:

-Robar nuevas cartas, ya sea de las tres que se exhiben en todo momento boca arriba en el centro del tablero (y que se renuevan al principio de cada turno), o de las que quedan sin descubrir en el mazo.
-Erigir un monumento: con un mínimo de dos cartas del mismo color o familia, el jugador podrá comenzar un monumento, exponiendo dichas cartas frente a él. Una vez un monumento ha sido erigido, un segundo jugador podrá también iniciar esta acción, pero para ello deberá contar con un mínimo de tres cartas de ese monumento. Cuando dos jugadores han sacado un mismo monumento, ya nadie más puede hacerlo.
-Expandir un monumento: simplemente, añadir cualquier número de cartas a un monumento que el jugador haya erigido previamente.
-Puntuar en el contador de puntos: todas las cartas de monumentos tienen un icono en su parte superior: un casco, un barco o un pergamino. Si el jugador se descarta de dos cartas con el mismo icono, recibirá un punto por cada vez que tenga repetido ese icono entre sus cartas expuestas en la mesa, lo que señalará con su peón en el tablero de puntuación.

Estas cuatro opciones principales podrán ser repartidas entre las tres acciones posibles como los jugadores deseen, por ejemplo, un jugador puede robar cartas tres veces, o edificar tres monumentos, etc. Hay finalmente una quinta posibilidad, que sólo se puede hacer una vez por turno y permite comprar una cuarta acción. Para ello, el jugador deberá “pagar” (descartarse) dos cartas con el mismo icono, algo parecido a lo que se hace para puntuar.

El tablero con la partida más avanzada. Los tres jugadores han efectuado ya un turno de
historiador cada uno (fichas de colores en la parte inferior). Las cartas utilizadas para ello
hacen avanzar las fichas negras de los monumentos correspondientes. El jugador verde
también ha utilizado cartas para puntuar en el contador general que rodea el tablero.
El turno de historiador
Como alternativa a un turno normal realizando todas estas acciones repasadas, el jugador tiene la opción de optar por otra diferente, una jugada bastante importante y decisiva que se puede realizar de 2 a 3 veces en función del número total de jugadores. Es el llamado “Turno de historiador”, que consiste en lo siguiente: el “historiador” coge al resto de jugadores una carta de cada monumento del que éstos tengan al menos dos cartas, pasando a puntuar el total en el contador de puntos de historiador, también en el tablero central, y que se sumará al final de la partida al contador de puntos principal. Pero, atención, porque es esta una decisión muy delicada: al coger cartas a los demás jugadores, se les dará también puntos a estos, ya que el contador de cada monumento, que vemos en el tablero central, avanzará una casilla por cada carta, lo que significará más puntos para el/los propietario/s de estos monumentos. Hay, pues, un delicado equilibrio en los turnos de historiador, ya que hay que sopesar y estudiar quién sale más beneficiado de ellos, si el que juega dicho turno, o los jugadores que pierden las cartas de monumento. Por ello, a veces será conveniente no erigir nuestros monumentos demasiado pronto, y otras, todo lo contrario: nos convendrá dejárnoslos “robar” para obtener puntos al final del juego. Por cierto, los turnos de historiador son obligatorios, y no gastar los peones disponibles para ellos nos supondrá una seria penalización al final del juego.

Puntuación y final
Tras unos 45-60 minutos, la partida llegará a su fin cuando se agote el mazo de cartas con las que se reponen las tres que se exponen siempre en el centro de la mesa y no puedan revelarse nuevas. En este momento, los jugadores totalizarán su puntuación, que incluye tanto la obtenida con los turnos de historiador (hay, además, una bonificador extra para los peones de historiador que ocupen los tres primeros puestos en ese marcador), la conseguida mediante el uso de pares de cartas con el mismo icono, y, finalmente, la de los monumentos: en función de su posición en su marcador individual (es decir, de las veces que los otros jugadores hayan usado nuestras cartas de cada monumento), el jugador o jugadores que los hayan erigido recibirán una cantidad concreta de puntos según las cartas que posean de ellos. Aquel que logre la mayor cantidad de estos es el ganador.

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