Phalanx Games es una editora holandesa (con
filiales en Alemania y Polonia) que hace algunos años publicó bastantes
wargames en una línea original y con una estética muy reconocible.
Posteriormente parece haberse centrado más en juegos tipo eurogames, y en los
años más recientes no se sabe demasiado de ella. De hecho, muchos de sus
títulos de hace sobre una década pueden encontrarse ahora saldados en muchas
tiendas. Personalmente tengo o he tenido de esta casa Revolution, Nero, The First World War, The Age of Napoleon y este Waterloo de Alexander
S. Berg que paso a reseñar. Se trata de la enésima versión en tablero de
esta famosa batalla que acabó con el imperio de Napoleón, uno de los personajes
más recurrentes en el mundo del wargame. Me gusta por su sencillez, por el
curioso sistema de movimiento por cuadrados en lugar de los más habituales
hexágonos, y por la siempre cuidada presentación de Phalanx, en caja grande,
con mapa y fichas de calidad y agradables ilustraciones.
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Despliegue inicial. El terreno, dividido en cuadrados, es bastante atípico en los wargames |
Las cartas vuelven a ser una vez más el motor
de Waterloo, pudiéndose usar estas
bien sea para mover, bien sea en combate, o bien sea para acciones especiales
como disparos artilleros, reagrupación, cargas de caballería, etc. Los
jugadores alternan el uso de cinco cartas de entre todas las que tienen
disponibles (15 para el francés, 12 para Inglaterra y sus aliados), hasta que
ambos se quedan sin ninguna, momento en el que se procede al siguiente turno.
Al final de siete de éstos, se evalúa la batalla y se calculan los puntos de
victoria, que otorgan tanto las fichas enemigas destruidas como la ocupación de
castillos y pueblos estratégicos.
Si una carta se gasta para mover unidades, el
jugador propietario reparte los puntos como quiera entre las fichas que aún no
hayan movido en la actual ronda. El encaramiento es importante, y se señala en
las fichas con una flecha. Cambiarlo también cuesta puntos de movimiento.
Aparte de esto, no nos encontramos con los habituales cambios de formación más
complicados y típicos de otros juegos napoleónicos. El terreno, como es
habitual, también dificulta el movimiento, obligando a los jugadores a pagar
más puntos para atravesar bosques, colinas, edificaciones, arroyos…
El uso de una carta, ya sea para movimiento o
por su acción especial, permite al jugador iniciar una batalla en cualquier
lugar del tablero. Esto se hace, naturalmente, entre fichas adyacentes
ortogonalmente, debiendo el atacante tener las suyas encaradas correctamente
hacia el objetivo enemigo. Básicamente se suman los puntos de fuerza de las
fichas de cada bando, y se comparan para ver cuál es el ganador, por supuesto,
el que tenga un total mayor de estos puntos. Atacar a una unidad por su flanco
o retaguardia dobla o triplica la fuerza de una ficha, como también lo hacen
las cargas de caballería. El defensor, claro está, también obtiene beneficios
por el terreno en el que defiende. Finalmente, ambos jugadores podrán añadir al
total de sus puntos los de una carta de su mano. Ni qué decir tiene que el uso
de uno u otro apartado de una carta –movimiento, combate o acción especial– es
exclusivo, y el jugador debe decidir de qué manera le conviene más usarla.
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Los marcadores grises indican que la ficha ya ha movido |
Una curiosa particularidad de este juego es
la posibilidad de que participe un número de jugadores tan inusual como tres.
Esto es así porque, a partir de su segundo turno, y de una manera gradual,
comienzan a llegar las fichas de una tercera potencia, Prusia. Aunque su
ejército es mucho más modesto y menos numeroso que el de Inglaterra y sus
aliados, su participación es decisiva en la partida, y sus tropas pueden ser
gestionadas por el mismo jugador que lleva a la anterior nación o, como se ha
dicho, por un tercero.
Y, para acabar, pues remitirme a lo que ya he
adelantado: sencillo, barato y bonito. No será el wargame más apasionante, complejo
o riguroso que exista sobre la batalla, pero puede servir para que alguien se
inicie en esta variante de los juegos de estrategia o para ya iniciados que no
quieran complicarse demasiado o deseen acabar la partida en una tarde.
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